A más cuidados y cosméticos, más salud física y mental

Oscar Mateo, de Stanpa.

El estado emocional, la salud física y  dermatológica, la forma de vestir, la manera de comprar o el grado de digitalización de los consumidores son factores estrechamente vinculados con su aspecto y la satisfacción con su apariencia, según la mayor investigación social desarrollada en España.

La Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa) y la consultora MyWord están detrás de este estudio que ha encuestado a más de 8.500 españoles de 18 a 65 años en base a dos variables principales: la percepción de la belleza y atractivo de los entrevistados y la satisfacción con su aspecto físico personal. Los resultados han permitido trazar un mapa social en el que se diferencian tres perfiles de consumidores de cosmética: grandes consumidores (heavy users), consumidores normales (normal users) y consumidores leves (light users).

Los dos primeros tipos son el 70% de la población: se ven atractivos o normales frente a los demás, sintiéndose satisfechos con su imagen. Tanto los grandes consumidores como los normales tienen en común varias cosas: un nivel económico medio (a partir de 1.500 euros de ingresos mensuales), siguen rutinas de belleza, practican deporte, consumen productos de temporada, duermen más de 6 horas al día y cuidan su forma de vestir. Lo que les diferencia es el grado de digitalización: los grandes consumidores son usuarios más digitales mientras que los normales tienden a ser usuarios más analógicos.

Los consumidores leves representan el otro 30% de la población. No importa que se vean atractivos o no, lo que les define es que no están a gusto con su aspecto. Aun así no están demasiado interesados en los cosméticos ni en la experiencia de compra. Tampoco prestan atención a su forma de vestir, no tienen hábitos saludables, sus ingresos mensuales son de 1.500 euros para abajo y presentan más patologías en la piel que los grandes consumidores y los normales.

A tenor de los resultados, el director de estudios de mercado de Stanpa, Óscar Mateo, considera que “el cuidado personal del aspecto se debería incluir dentro de los hábitos de vida saludable, ya que se demuestra que tienen una relación directa con otros aspectos positivos más allá de la autoestima, como son la salud de la piel o la emocional”.

El estudio confirma la relación entre uso de cosméticos y el nivel de atractivo y satisfacción de los españoles, al constatar que cuantos más productos de belleza utilizan mejor se sienten con su apariencia. Los grandes consumidores y los normales son constantes en sus rutinas de belleza, pues un 37% señala no saltársela nunca, frente al 13,5% de los consumidores leves.

También constata que los consumidores leves, o sea, el grupo que menos cuida su rutina de belleza, son los que presentan más problemas en la piel, tales como la dermatitis y el acné. El 29,2% de los consumidores que no siguen una rutina sufren dichas patologías, frente al 13,7% de las personas que sí se cuidan.

 Los ciudadanos con un estilo de vida saludable (cuidan sus horas de sueño, alimentación, actividad física…) se sienten satisfechas con su aspecto e invierten más en productos de cuidado personal. Otra conclusión es la tendencia de los ciudadanos a sufrir menos estrés y menos depresión cuanto más cuidan su imagen.

De este análisis se vislumbra “lo que podríamos denominar como ‘el círculo virtuoso’ de los consumidores habituales de productos de cosmética: se trata de personas a gusto con cómo son, que tratan de sacar lo mejor de sí mismos y de la vida”, sostiene la fundadora de MyWord, Belén Barreiro. “No es solo que se vean mejor o que sufran menos problemas dermatológicos: se detecta en ellos un mayor bienestar emocional, una mayor salud psíquica”, concluye.

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